domingo, 7 de julio de 2024















Salvar el mar o morir de hambre

* Cuando la revitalización cultural se convierte en factor clave para la sobrevivencia de una comunidad: el caso de Pie de Gigante y el rescate de las buenas artes de pesca artesanal. 

Leonardo Coca Palacios

Cuando sus pies pisaron por primera vez la arena, un escalofrío recorrió su cuerpo y presintió que su vida cambiaría para siempre, pues de inmediato se enamoró del mar y -sin pensarlo dos veces- predijo en su mente: ¡Aquí me quedaré!

Estaba decidido a dejar su rutina como mozo de finca ganadera y emprender la mayor aventura de su vida: ser pescador artesanal. Dejó colgadas en la finca el sombrero, la camisa mangas largas, las botas de hule y la soga para lazar las vacas que ordeñaba a pulso. Se lanzó al mar como pescador novato en El Astillero y durante varias semanas fue un entusiasta ayudante-aprendiz de pescador artesanal.

En una semana de pesca gané el dinero que me ganaba durante seis meses ordeñando vacas en la finca -asegura Iván Arriola, un hombre de 35 años, moreno, de 1,75 metros de estatura y complexión atlética, digno descendiente de los aguerridos nahoas, que poblaron estas tierras mediante “tres oleadas migratorias entre los siglos XII y XV, la primera migración eran provenientes de Ticomega y Maguatega, dos pueblos cercanos a Cholula (México), la segunda se originó por la caída de Tula en México y tiene vínculos con los Toltecas y Chichimecas y la última migración de filiación mexicas o aztecas quienes se asentaron en el istmo de Rivas.

El novato pescador artesanal dejó en el pasado las giras a caballo hasta el río Nagualapa -río que suena, según la traducción al español de los vocablos náhuatl nahualli: cosa sonora; apa: río- donde se refrescaba en sus dulces y cristalinas aguas que recorren pedregosos lechos desde las montañas hasta el mar entre las comunidades El Astillero y Pie de Gigante, en el municipio rivense Tola, zona de muchos mitos y leyendas precolombinos.

Motivado por la búsqueda de mejores condiciones de vida, Iván cambió la cultura agropecuaria en la que había nacido y crecido.

Problema grave

Hoy, es uno de los catorce mil pescadores artesanales (INPESCA, 2015) que diariamente se ganan el sustento faenando en las aguas del Océano Pacifico frente a las costas de Nicaragua, internándose entre diez y cuarenta kilómetros mar adentro. 

Catorce años después de haber cambiado el rumbo de su vida busca soluciones a un problema cultural que arriesga la supervivencia de su actual comunidad costero-marina Pie de Gigante: la pesca con bombas, causante de la disminución de los cardúmenes.

Mirando hacia el horizonte, desde su panga con motor fuera de borda, exclama: ¡Debemos salvar el mar o moriremos de hambre!

Desde hace algunos meses han aparecido en las costas de Pie de Gigante algunas pangas de pesca artesanal provenientes de Masachapa y Casares trayendo consigo explosivos de fabricación casera para ser lanzados al lecho marino y “obtener mejor pesca”.

Sin embargo, la práctica de la pesca con bombas amenaza la subsistencia de la comunidad Pie de Gigante, pues al detonar explosivos en el lecho marino se mata indiscriminadamente la fauna marina, se destruye el hábitat donde se reproducen los peces con valor comercial y se arriesga la sostenibilidad de la pesca artesanal, principal actividad sociocultural y económica de la zona.

En Nicaragua se tiene registrada la presencia de 382 especies de peces y la disminución de las poblaciones está asociada a varios factores como el aumento en la intensidad de pesca, el uso de artes de pesca insostenibles (entre ellas el uso de bombas), el deterioro de áreas marinas de refugio para las especies y el deterioro de ecosistemas costeros como los manglares, que es donde pasan los primeros estadios de su ciclo de vida la gran mayoría de las especies marinas (FFI, 2017).  

También influyen los cambios en la temperatura del mar relacionados con el cambio climático, que afectarán los patrones de distribución de las especies marinas. 

“Tomando en cuenta todos esos factores tendremos problemas serios de sostenibilidad ambiental, económica y social en las comunidades costeras del Pacífico”, prospectan los expertos de Fauna y Flora Internacional (FFI, 2017).

Iván y sus colegas pescadores se han organizado para salvar sus recursos marinos y garantizar la subsistencia de la comunidad.

Para ello han propuesto a las autoridades municipales y nacionales la creación de la Zona Marina de Vida y Desarrollo Pie de Gigante, la cual debería ser una “zona marina de uso controlado bajo manejo comunitario”. (Comunidad Pie de Gigante, 2017).

Esta propuesta, además de delimitar geográficamente la zona especial, propone una serie de acciones para revitalizar las buenas prácticas culturales de la pesca artesanal.

En la comunidad Pie de Gigante residen al menos 640 personas, quienes están directamente vinculadas principalmente a tres actividades socioculturales y económicas: pesca, turismo y gastronomía (Coca, 2017).  

La actividad pesquera artesanal la desarrollan 69 pescadores, quienes en promedio sostienen económicamente a cinco personas, beneficiando directamente a 345 personas (FFI, 2017).

De esta actividad económica también depende el desarrollo de muchos servicios turísticos y se provee a la industria pesquera nacional que compra la producción de Gigante para exportación o para el mercado nacional.

La Zona Marina de Vida y Desarrollo Pie de Gigante propuesta es un área costero marina ubicada frente a las costas del Municipio de Tola, Departamento de Rivas que incluye 623 kilómetros cuadrados, caracterizada por la variedad en los tipos de fondo y por la presencia de formaciones rocosas a profundidades de 18 a 40 metros, donde se concentra gran cantidad de cardúmenes de peces y crustáceos de los cuales dependen  la vida y subsistencia de los habitantes de la comunidad de Gigante y comunidades aledañas. 

La mayor parte de estas formaciones rocosas son de elevada productividad para los pescadores, quienes en la actualidad aplican diferentes métodos y equipos de pesca.

Los sitios de pesca más importantes en Pie de Gigante son: Brito, La Polvosa, Piedra del Diablo, El Barco, El Arbolito, Sardina, Los Cerritos, El Mero y Manzanillo.

Para contrarrestar el deterioro provocado por el uso de explosivos y redes de agujeros de 3,5 pulgadas, los líderes pescadores de Pie de Gigante pretenden revitalizar algunas antiguas prácticas del oficio de la pesca artesanal para evitar la sobre explotación de los recursos marinos, entre ellas el “cuerdeo” y el “lineo”.

El “cuerdeo” es un arte de pesca antiguo que consiste en utilizar un artefacto compuesto por un cordel y un gancho filoso.

Antaño se utilizaban bejucos a los que se amarraba espina de pescados grandes o conchas talladas en forma de J en un extremo, a los que se le ponía trozos de carne fresca.

El pescador se coloca en una roca que sobre sale del agua y lanza repetidas veces el anzuelo hasta que captura peces.

Ahora, los pescadores de Pie de Gigante proponen propiciar el “cuerdeo” capacitando a pescadores jóvenes y proveyéndoles cuerdas de nylon y anzuelos tipo J número 8 para que capturen peces grandes desde sus pangas mar adentro.

También pretenden revitalizar y ampliar el “lineo”, arte de pesca consistente en el uso de una cuerda de nylon de 500 metros de la cual cuelgan entre 200 y 300 anzuelos tipo J, la cual se lanza al mar mientras la panga avanza lentamente hasta que toda la cuerda está bajo el agua, los pescadores esperan algunas horas y luego inician la maniobra de “levante”: jalar la cuerda y sacar los peces que picaron carnada.

Con respecto a las artes de pesca, los pescadores proponen prohibir totalmente el uso de explosivos o bombas en las labores de pesca y el uso del trasmallo de 3 1/2 pulgadas. (Comunidad Pie de Gigante, 2017).

A pesar de su transculturización personal, Iván es fiel creyente en que solamente mediante la transferencia de conocimientos ancestrales sobre el oficio de la pesca es que se disminuirá el impacto de la sobre explotación de los recursos marinos y se garantizará la supervivencia de la comunidad Pie de Gigante.

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